III

En un pueblo, cualquiera sea la estación,
los jóvenes no tenemos mayores preocupaciones,
nos sentamos a hablar en los patios.
Si el tema del clima atraviesa nuestros diálogos
es porque en nuestras vidas no pasa más que eso,
vemos el cielo nublarse, la tormenta que se arma,
la lluvia cayendo sobre nuestras cabezas.
Recibimos la lluvia como recibimos el sol,
con gratitud, y siempre sonreímos.
Es cierto que a nuestros padres les gustaría que trabajáramos.
Tenemos edad y condiciones, aunque repetimos siempre
ante la insistencia: «No seremos esclavos de nadie».
Ellos se enojan y se van, luego vuelven
como si nada hubiera pasado, y todo es calma.
Pero en el fondo estamos preocupados, sabemos
que el tiempo de la libertad se cierra sobre nosotros
como el cielo en la noche ante una tormenta de verano.

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