IX

Suena la música mientras veo
a través de las rejas
de la ventana que da a la calle
un galgo caminando sobre el campo.
Hace horas que los árboles se mueven
al ritmo del viento
y que el cielo se puso de color rosa.
Las primeras gotas no tardarán en descender
e incluso puede haber una tormenta
que cause destrozos,
mejor si en el pueblo
por las noches se oye el agua caer
sobre los techos de chapa.
Pero para el perro que camina en la oscuridad,
perdido y desorientado, no hay espectáculo,
sino una clara amenaza física.
Lo veo doblar en la esquina e irse
hacia el paso a nivel, a resguardarse
bajo las viejas casillas en desuso.
Fuera ya de mi campo visual,
vuelvo a pensar en mí
y en los versos que van a caer
de punta, como el granizo.

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