VIII

El pueblo prosperó,
el pavimento le ganó a la tierra,
las luces iluminaron las avenidas,
los barrios bajos.

Pero los jóvenes huimos de las plazas
encandilados por los faros
y las cámaras de seguridad.
Ya sin puntos de reunión,
muchos emigraron a las ciudades,
los que quedamos soportamos la monotonía
bajo los árboles de un patio.

Advertidos del futuro que nos espera,
decoramos el jardín, cortamos troncos
y hacemos canteros.

Sentimos nostalgia de lo que perdimos.

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