XIII

Las santas tienen una sangre
que los hombres miran con seriedad
cuando apretado el brazo
se dispara como un río divino.
Nada se puede hacer si después,
el desprecio vuelve a sus semblantes
y tocan sus cabezas calvas con impaciencia.
La hoguera espera siempre a ser encendida
para quien se declare hija de Dios
y para el pueblo que asista en las afueras
golpes de martillos y flechas
mientras aves negras sobrevuelan
el cielo gris de un humo que arde.

*Basado en el film “La pasión de Juana de Arco” de Carl Th. Dreyer

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