XVI

Un compañero vio desde el espejo retrovisor
de su camión modelo setenta recién comprado
el arcoíris que se formó luego
de la lluvia y el granizo.
Mientras nosotros festejábamos el inicio
de la primavera en la tranquilidad de un campo,
él conducía solitario por una ruta desconocida.
Tiene deudas que pagar, hijos que mantener,
su vida es un viaje continuo y sacrificado.
Hoy, en su día libre, le contamos lo que vimos,
la golondrina surcando el cielo de un punto cardinal a otro.
Él, para no ser menos, nos cuenta del arcoíris,
nos dice que lo acompañó durante cien kilómetros,
sin dudas exagera, pero no lo contradecimos.
Hablamos del granizo —«Seguro que te escondiste
con el camión en alguna parte»—, pero él lo desmiente
y dice, esta vez en serio: «Cuando viene tormenta
yo apunto con mi camión hacia ella».
Taciturno, le da una pitada al cigarrillo y calla;
nosotros, por respeto, también.

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