Archivo del Autor: Diego Brando

The Other Side Of Hope *

De Adán y Eva, los primeros exiliados,
a Khaled, el joven sirio
sepultado en la tierra o el carbón.
Siempre hubo extranjeros
que giraron de manera azarosa
por el mundo.
¿Quién desaparece de un día para el otro
de su propia casa destruida?
Has enterrado a tus muertos, Khaled,
y con ellos a los dioses que abandonaron Alepo.
Puede estar tu hermana viva o muerta
en alguna frontera
y los skinheads querrán prenderte fuego
en los callejones.
Ahora tu vida depende de la música de Helsinki
y de la amabilidad de los extraños,
solo prueba la comida del restaurante
y mantén alejado a ese perro.
Y que tengas suerte, Khaled,
el mundo es un hospital
de esos a los que nunca fuiste.

*Basado en el último film de Aki Kaurismäki

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Te remontaste a la esquina de la casa…

Te remontaste a la esquina de la casa,
donde mirabas la lluvia desde un ventiluz
mientras los perros corrían bajo el granizo
y pisaban las calles de barro.
Fue el único diluvio que te impactó
o quizá nunca volvió a llover de esa manera,
salvo en las películas del otro lado del mundo,
donde los animales caminan pacientes
acostumbrados a que el mundo se derrumbe.
Pero ¿cuántas veces habrás visto todo derrumbarse
y te quedaste como un ser temeroso bajo la lluvia?
Solo en la mañana abrís las antiguas ventanas
y ves cómo las calles asfaltadas permanecen desiertas,
un dios te filma en blanco y negro.21432968_1501057279955051_6631567385058885124_n

Creció la maleza…

Creció la maleza, allí
donde la joven sentada reía.
Desde su mudanza
ya no escuchamos su voz,
ahora tan sólo vemos
a través de nuestros tapiales
las nuevas torres eléctricas.
Guardamos para nosotros
el recuerdo de su gracia
y como esos obreros
que cuelgan del aire
hacemos malabares
sobre el vacío.

El tren de carga partió…

El tren de carga partió
y ha venido su sonido a dividir la noche.
Partículas de oscuridad aparecen ahora
ante mis ojos.
¿En qué sector de la habitación
habrá encontrado la paz un refugio?
Mi compañera duerme a pesar de todo
y los hilos del invierno acarician su pelo.
Suena a lo lejos una nueva bocina
y se confirma mi pensamiento:
lo que con el viento helado huye
solo un nuevo día lo restablece.

XXI

Las luces de los artefactos aún encendidos
a pesar de la madrugada
iluminan mi pensamiento.
Faros que impiden que me estrelle por completo
contra las columnas negras
de la noche.
Necesaria es para mí
la deriva
en la que día a día
amanezco.

XX

Escucho llover,
aunque lo más probable
es que afuera el cielo
sea un campo celeste.
Me confunde quizá
el sonido del ventilador de pie
que sin embargo
no alcanza el súmmum
de sus primeros años.
¿Me conviene dormir
en el comienzo de la primavera
y del inminente equinoccio?
¿O habrá que ir
a los espacios verdes
a contemplarlo?
Entre el adentro y el afuera
hay una frontera, que sin dudas
pide ser traspasada.